La policía esperaba afuera de la habitación, mientras Lugh se vestía, Marbella estaba ahí.
Cuando estuvo listo, ella lo abrazó.
—Soy inocente, Marbella.
—¡Lo sé! Por favor…
Él siseó.
—No llores, mírame, llama al abogado de la familia, él conoce a muchos abogados que saben sobre esos casos, soy inocente, ¿Entiendes? Voy a estar bien, voy a salir libre, ahora ve a casa, por favor, cuídate mucho y a nuestros hijos —él acunó su rostro, sus ojos temblaban—. Mantente fuerte este tiempo, y no olvi