Marbella sintió un terror en su sangre, tragó saliva, una lágrima corría por su piel, entonces lo supo, ese hombre era el auténtico culpable de todo, pero no tenía forma de culparlo.
«No por ahora, pero las tendré, creíste que ibas a destruir todo lo que amo, Bryce, ahora yo debo detenerte»
—Sí, lo haría… —dijo con voz débil
—¡Oh, Marbella! ¿De verdad crees que soy esa clase de monstruo?
—¡No juegues conmigo, Bryce! ¿Harás esto o no?
—Bien, si es lo que quieres, pero debo verte, hoy por la