Marbella miraba a la mujer con ojos severos, y una sonrisa despiadada.
—¿Así que creíste que tu mentira duraría mil años, mujer? Lástima que no hay tonto que te la crea por tanto tiempo, ni secreto que perdure.
—¡Son mentiras! No he hecho nada malo, ¡lo juro, Lugh! Piensa en nuestra hija, Lugh, Celestia sufrirá por mi ausencia.
—Con lo mala madre que has sido, no creo que mi hija te recuerde.
Pina corrió a abrazar a su hija.
Vanessa al fin se levantó del suelo.
—¡Es toda una mentira! ¡Soy