Marbella llegó a la mansión, los niños lloraban. Ella se puso frente a ellos, le dolía ver lo que había ocasionado con sus palabras crueles, y ahora se arrepentía.
—Mami, ¿por qué te enojas? —exclamó Magnolia
Marbella tocó su pecho, ahí yacía una gran culpa, sus lágrimas cayeron y Noli corrió a abrazarla.
—No llores, mami —dijo Noli.
Clyde también la abrazó.
—No llores, mamita, por favor, no quiero verte triste.
Marbella los abrazó.
—Lo siento, no quise arruinar la fiesta, ¡lo siento! Per