Marbella se puso muy nerviosa al ver a Lugh.
Cuando las niñas rompieron el abrazo, Lugh miró a la pequeña
—¿Son tus hijos, Marbella?
Ella lo miró, asintió.
—Hola, ¿Magnolia? —ella asintió—; me encanta conocerte.
—¿Usted es el papito de Celestia?
Él sonrió, asintió.
—Sí, yo soy su papito —Lugh también saludó al niño.
—Yo me llamo Clyde.
—Mucho gusto, Clyde, espero que les guste mucho el colegio.
—Y usted, ¿cómo se llama, señor papito de Celestia? —dijo Magnolia
Lugh sonrió.
—Me llamo