El chofer de Vanessa, y las empleadas del colegio la habían ayudado, la mujer abrió los ojos en la camilla del área de enfermería del colegio.
—¿Señora Ackerman, está bien? —exclamó al ver a la mujer tan afligida y con el rostro lívido como nieve.
La mujer miró a todos lados confusos.
—¿Dónde está Marbella? —exclamó confusa, desorientada.
—¿Quién?
—¡Marbella Ronsard! —la mujer no dejó de repetir su nombre varias veces, asustada, hasta que se calmó.
«¡Ella está muerta, ella no puede volver!