Marbella sintió que temblaba, estuvo segura de que él podría sentir como su cuerpo se estremecía ante él.
Odió ser tan frágil en sus brazos.
—Señor Ackerman, ¿puede soltar a la señora Blyth? —exclamó Duncan, solo en ese momento el hombre la liberó
Estaba perplejo por lo que había hecho.
Marbella fue hasta su auto, con el señor Duncan, él condujo, se marcharon.
Lugh se quedó ahí, de pie, atormentado.
«¿Qué estoy haciendo? ¡Casi beso a una desconocida, que además es mi peor enemiga laboral!