—Marbella, ¿estás hablando en serio? ¿Por qué haces esto? —exclamó Dylan impactado de sus palabras.
—Por… —Titubeó, pero recuperó el temple—. Tu hijo merece una madre, o se quedará solo, además, tú me ofreces protección, me ofreces lo que no puedo darle a mi bebé.
Dylan lanzó un suspiro, asintió.
—¿Lo ves, ahora? Somos dos corazones rotos, estamos predestinados, no por amor, eso me queda claro, supongo que nuestro lazo será la venganza.
—¿Venganza?
—Sí, sé que, algún día, Brisa volverá, así