Ignacio se encontraba solo en la oficina, de pronto la secretaria le avisó que Karin necesitaba hablar con él.
—Está bien, dile que pase.
Karin entró a la oficina y lo encontró sentado detrás del escritorio, los dos tenían una expresión seria en su rostro. Él la miró fijo a los ojos.
—¿Vienes a restregarme las infidelidades de mi esposa?
—No. ¿Para qué? Igual insistes en quedarte con ella, te gusta que te monten el cuerno.
Ignacio se levantó del escritorio y con un tono de voz molesto agr