Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.
—No esperaba verte llegar.
—¿Cómo estás?
—Fatal.
—Siento mucho lo de tu embarazo.
Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al re