138 Lágrimas de esperanza.
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.
—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.
—No quiero que volvamos a separarnos jamás.
—Quiero estar contigo el resto de mi vida.
—Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte.
Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hiciero