Dos horas después despertó en una clínica, Ignacio estaba sentado a su lado, ella abrió sus ojos y lo observó.
—¿Dónde estamos? —Él se puso de pie y se acercó.
—En la clínica, estuviste desmayada dos horas. No sé si recuerdas que estabas en la casa. —Amelia se sentó, te tocó la frente, le dolía la cabeza.
—Si, recuerdo.
—¿Qué te sucedió? ¿Por qué te desmayaste?
De pronto recordó.
—Creo que recordé algo. —Ignacio algo asombrado le dijo:
—¡Si! ¿Qué recordaste?
—No lo sé, cosas que no entendí. Era