Llevaron a Henrry a una de las casas de campo de Marino y de inmediato lo condujeron a la sala de juegos, donde el narco se encontraba. Marino estaba con otros dos hombres de confianza y el Tigre jugando billar.
Obligaron a Henrry a sentarse en un sofá, había silencio en esa sala, a excepción del ruido producido por las bolas al colisionar unas contra otras y contra los bordes de la mesa.
Pasaron como dos minutos, los cuales fueron eternos para Henrry. La frente le comenzó a sudar y su corazón