Capítulo veintisiete. Entre la espada y la pared
Farid se puso de pie y cambió su semblante a uno serio.
—¿Qué hombre pensaste que era? —cuestionó mirando a Callie detenidamente.
—No quiero hablar contigo.
—Te guste o no, tendrás que hacerlo.
—¡No puedes obligarme a hacer algo que no quiero! ¡No hablaré con un hombre que solo me ha usado para sus propios planes! —gritó Callie perdiendo la paciencia.
Farid se apartó de la cama y la joven salió de tras de él, teniendo una ligera esperanza en el corazón, deseando que todo fueran ideas suyas, per