Capítulo setenta. ¿Cenamos juntos?
«Mi único amor»
Hasan no podía olvidarse de las palabras de Sienna, hoy por hoy, podría jurar que era el hombre más feliz del mundo. Tenía a la mujer que amaba a su lado, tenía un hijo precioso que cada día crecía y era su razón de ser.
¿Qué más podía desear un hombre?
—¿Se puede saber por qué sonríes como un tonto? —preguntó Abdel.
Hasan lo miró, se puso de pie y colocó sus manos detrás de su espalda.
—Le he pedido matrimonio a Sienna —dijo.
El Emir enarcó una ceja.
—¿No están casados ya?
Hasa