Capítulo cincuenta y uno. Lazos
Hasan había llegado a Nueva York y ni siquiera se molestó en tomarse un descanso, técnicamente corrió a la ensambladora, como si llevara prisa, lo que jamás imaginó era encontrarse con aquella hermosa mujer con cabellos dorados como el oro.
—Hasan.
El cuerpo del Emir se tensó al escuchar el susurro que ella dejó escapar y fue como si el tiempo se detuviera para los dos. Sus miradas se encontraron, sus corazones saltaron a la vida y no hubo nada más interesante en el mundo que verse.
La garga