Betty escuchaba las risas crueles de Ashton, lo odiaba, sintió que su cuerpo nunca sintió tanta rabia por ese hombre, incluso ya no se reconocía a sí misma.
—¿No te dije que pagarías por dejarme? A mí nadie me deja, Betty, ¡pagaste con lágrimas de sangre!
Ella le mirò con rabia.
El hombre corrió a buscar a los empleados y comenzó a gritarles a todos.
Betty corrió también hasta la cocina, al llegar abrió un cajón, tomó ese cuchillo, lo envolvió entre sus ropas, y volvió al mismo lugar donde e