«Podía recordarlo todo muy bien.
Él estaba de pie ante el altar, con los nervios consumiéndolo, y una ilusión en su corazón.
Ese día, la mujer que adoraba sería suya; Abigail Alwyn sería su esposa ante Dios y ante la ley.
De pronto, las campanas resonaron, la puerta se abrió y sonó la marcha nupcial.
Denver miró a su abuelo y sonrió, pero su sonrisa se volvió dudosa, al ver que era Vania quien entraba.
Caminó, levantando su largo vestido para llegar más rápido a él.
—Ella no vendrá, Denv