Anya subió al auto, condujo deprisa, solo quería volver, se detuvo a medio camino, sus manos aún temblaban y lloró. Odió la sensación de sentirse tan frágil ante un ser tan asqueroso, pensó en Betty, no sabía cómo decírselo.
Manejó de nuevo, debía volver a casa.
Emerson acababa de llegar, estaba sentado en el salón, una empleada le indicó que su esposa aún no volvía, él iba a llamarla cuando recibió ese mensaje.
Era de Ashton.
«no te dije que las mujeres son todas unas farsantes. Anya vino p