Anya se sorprendió de esa pregunta.
Luego, un segundo después solo asintió.
—Es verdad, él me ayudó a escapar, pero no me fui con èl.
Emerson frunció el ceño.
—¿A qué viene tu absurdo reclamo? ¿No crees que esto te va mal? —exclamó severa.
—¿No tengo derecho a hacerlo?
—No. Tú y yo ya estábamos divorciados.
—¡Eso nunca!
—En mi mente sì, incluso si hubiese querido estar con otro hombre, debías aceptarlo.
Emerson abrió ojos enormes, tragó saliva para evitar gritar el dolor que estaba quem