Capitulo: Culpable como un pecado.
El beso fue apremiando como agua, ardiendo a fuego lento; sintió su lengua adentrarse, ávida para acariciar la suya.
Las manos de Denver aferradas a su cintura.
Quería detenerlo. Debía detenerlo, pero cuando el beso se detuvo y abrió los ojos, esa mirada la dominó, ya no pensaba con claridad, estaba hechizada por el hombre que ahora mismo se quitaba la camisa.
—Denver, yo…
Él siseó, puso su dedo sobre sus labios.
—No digas nada, solo déjate amar. Llevo soñando con esto, tanto tiempo. Si quieres