86° La decisión imposible.
La bodega en la que nos estábamos escondiendo se hizo absurdamente pequeña frente a mí. De repente, el espacio se hizo tan claustrofóbico que estuve a punto de salir corriendo hacia la pequeña ventana y saltar al otro lado. Incluso me costó respirar.
Santiago estaba secuestrado, y el mensaje venía acompañado con una fotografía de él, amordazado y fuertemente atado en una silla pequeña. Sangraba de la cabeza. Tenía una extraña expresión de terror en su rostro.
¿Qué era lo que yo iba a hacer? Me