Mauricio caminó con firmeza por las escaleras y yo lo seguí. Pude ver cómo Melany, en ese instante, también apareció de repente por el piso de abajo y corrió detrás de nosotros por las escaleras.
— Es justamente lo que vamos a hacer, ¿no ves?
— Sí, pero quiero hacerlo en privado.
— No va a ser en privado — le dije yo con seguridad — . Vamos a hablar los tres en este momento.
La mujer apretó los puños, su cara se enrojeció.
— ¿Acaso vas a dejar que esta mujer te dé órdenes? Llegó a esta casa