La noche cayó más rápido de lo que imaginé. El cielo estaba cubierto de nubes oscuras, como si incluso él supiera lo que estaba a punto de pasar. Caminé por la casa en silencio, con los pasos pesados, el corazón hecho un nudo y el alma al borde del colapso. Cada risa de Carolina, cada mirada de Diana, cada gesto inocente de Elijah me hacían sentir más culpable.
Pero no podía detenerme. No ahora.
Cuando los niños por fin se durmieron, Carolina salió al balcón. Se sentó en el pequeño banco de mad