—¡Carolina! ¡Carolina! —la voz de Henry me sacudía, repitiéndose hasta que por fin reaccioné.
—¿Qué pasa? Te has puesto pálida. ¿No te gustó la modelo? ¡Ah, ya sé! Crees que alguien como ella nunca querrá promocionar nuestros diseños. Yo también tengo esa inquietud, pero tranquila: con la persona con la que vamos a asociarnos seguro que acepta.
—¿Y quién es esa persona, Henry? —pregunté, imaginando lo peor.
—Con el señor Won —respondió, y mi estómago se hundió—. Supe que Tatiana, la estrel