Lara trató de cerrar la puerta, pero Sara se lo impidió.
— ¿Acaso viniste a burlarte de mí? — le preguntó a la mujer. Al parecer, había llorado tanto que tenía la garganta entumecida y la voz le salió ronca — . Créeme, aunque no lo parezca, tengo dignidad. Quédate con Emiliano, no me importa, solo déjame en paz.
— Entonces, ¿por qué no me dejas tú en paz a mí? — le gritó Sara. Tenía tanta rabia que no le importó el estado lamentable en el que estaba la mujer.
Lara blanqueó los ojos, parecía