Ana se metió debajo de la camioneta. Creyó que era la única forma que tenía para escapar de la balacera. Arrastró a Jimena consigo. La mujer se quejó de dolor, pero al parecer la bala había tenido también un orificio de salida. Esperó que no hubiera afectado ningún órgano importante. De todas formas, presionó con fuerza el agujero por donde brotaba la sangre y la mujer tomó su teléfono, presionó un par de teclas y luego lo dejó caer de costado.
— Ya llamé a la policía, vendrán en unos minutos.