45| Entre la espada y la pared.
Emiliano apretó su teléfono con fuerza y dio un paso atrás, alejándose de la ambulancia. Jimena lo observó detenidamente. El indicador de llamadas decía que era Ezequiel, su suegro, o mejor dicho, su exsuegro. Emiliano sintió una extraña sensación en el estómago, como un mal presagio.
— Esto es imposible — dijo, y luego contestó la llamada — . ¿Qué quieres? — preguntó con un poco de impaciencia.
Al otro lado, Ezequiel soltó una carcajada.
— Sorpresa — dijo — Creo que este jueguito t