Me levanté despacio, con el bolso en una mano y la otra aún temblando por todo lo que acababa de decir.
—No quería remover esto… —dije, con la voz más suave—. Solo pensé que merecías saberlo.
Günter no respondió. Tenía los ojos fijos en la mesa, como si estuviera mirando su reflejo en el mármol oscuro, intentando reconocerse después de tantos años de culpa.
—Puedo irme —añadí, apenas un susurro—. Si prefieres estar solo.
Fue entonces cuando levantó la mirada y negó.
Una sola vez. Lenta. Casi co