La Mansión Fontaine respiraba poder en cada rincón.
No era un hogar.
Era un territorio.
Esa noche, los pasillos estaban envueltos en un silencio elegante, casi calculado, como si incluso las paredes entendieran que algo importante estaba por ocurrir.
En el ala principal, Karla Fontaine se encontraba de pie junto a uno de los ventanales más altos de la residencia. Su figura, impecable como siempre, estaba envuelta en un vestido oscuro de líneas perfectas, acentuando la autoridad natural que