La noche avanzaba con una calma engañosa. Todo parecía en orden. Las luces de la residencia iluminaban suavemente los pasillos, el viento nocturno movía con delicadeza las cortinas y, sin embargo, en medio de esa aparente tranquilidad. Algo se estaba rompiendo. Diana estaba en la sala. Sentada. Pero no relajada. Su postura era recta, sus manos descansaban sobre sus piernas, aunque sus dedos se movían apenas, delatando su inquietud. Su mente no dejaba de repasar lo ocurrido. Las palabras de Leop