Ni se te ocurra tocarla Madre.
La residencia Ambrosetti parecía envuelta en una calma cuidadosamente construida. Todo estaba en su lugar. Las luces cálidas iluminaban los pasillos, el sonido suave de los pasos del servicio apenas rompía el silencio, y desde el exterior… nada hacía sospechar que dentro de esas paredes se tejían mentiras capaces de destruir vidas. En uno de los salones privados.
Leopolda estaba sentada con la espalda recta, las piernas cruzadas con elegancia, sosteniendo una copa entre sus dedos. Su porte era