El viento golpeaba con más fuerza ahora sobre el yate, como si incluso el mar percibiera la tensión que se acumulaba entre ambos, las olas chocaban contra el casco con una cadencia irregular, más brusca, menos armoniosa, como si el equilibrio se hubiera roto en ese instante exacto en el que Jeremy pronunció aquellas palabras.
El silencio que siguió no fue vacío.
Fue peligroso.
Nathaniel permanecía inmóvil frente a él, pero algo en su interior había cambiado, sus manos estaban tensas, sus dedos