La residencia en Inglaterra estaba en calma, pero no era la misma calma de antes, no era esa quietud que envolvía a Diana en una especie de silencio invisible donde su presencia parecía diluirse entre los muros de una vida que no le pertenecía por completo, no, esta vez la calma era distinta… tenía dirección, tenía propósito.
El aire que entraba por las ventanas abiertas llevaba consigo un aroma fresco, casi renovador, como si el mundo le estuviera susurrando que era momento de avanzar.
Diana e