El silencio en la oficina se volvió ensordecedor después de que Jeremy se marchó.
Diana no supo en qué momento exactamente él había soltado su cintura, ni cuándo sus pasos se habían alejado. Lo único que sabía era que seguía allí, de pie, con el corazón golpeando con fuerza contra su pecho, como si intentara escapar.
Se llevó la mano a los labios.
—¿Qué fue eso…? —susurró para sí misma.
Cerró los ojos.
Y lo sintió otra vez.
El calor.
La firmeza de su mano.
La forma en que la había mirad