La mesa estaba dispuesta con una perfección casi ofensiva.
Cristal tallado, porcelana fina, cubiertos alineados con exactitud matemática. La cena no era solo una reunión: era una exhibición de estatus. Cada detalle gritaba poder, linaje, control. Leopolda Ambrosetti no dejaba nada al azar cuando se trataba de recordarles a todos quién mandaba en esa casa.
Margrot Stewart ocupaba el asiento a su derecha.
Vestía un vestido color marfil que abrazaba su figura con naturalidad estudiada. Su cabello