La noche era tranquila en Luxemburgo.
Una de esas noches en las que el tiempo parecía avanzar más despacio.
La cena había terminado hacía casi una hora.
Las luces cálidas del jardín iluminaban suavemente la terraza principal de la residencia.
El aroma de las rosas blancas viajaba con la brisa nocturna.
Y por primera vez en mucho tiempo, nadie hablaba de empresas.
Ni de contratos.
Ni de inversiones.
Ni de problemas.
Aquella noche estaba dedicada únicamente a la familia.
Y a los amigos.
Edith se