La isla seguía envuelta en calma pero dentro de la habitación el aire era distinto, cargado de esa quietud íntima que queda después de una noche en la que dos almas se han encontrado sin reservas, el sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas dibujando líneas doradas sobre las sábanas desordenadas mientras Diana dormía profundamente con el cuerpo relajado y el rostro sereno, ajena al mundo, ajena al peso de todo lo que existía fuera de ese pequeño refugio y Jeremy la observaba en silenci