Habían pasado treinta días.
Treinta días desde que la oscuridad había comenzado a retirarse lentamente de sus vidas.
Treinta días desde que Diana había vuelto a dormir tranquila.
Treinta días desde que Jeremy volvió a despertar cada mañana junto a la mujer que amaba.
Y aquella noche Inglaterra estaba extrañamente hermosa.
La luna descansaba alta en el cielo, rodeada por pequeñas estrellas que parecían esparcidas cuidadosamente sobre un inmenso lienzo oscuro. El viento movía suavemente las ramas