La noche había caído sobre Londres.
Las luces de los edificios se extendían a través de las ventanas del departamento de Edith, mientras la ciudad seguía despierta allá afuera.
Pero dentro del pequeño espacio cálido de aquella sala...
Todo se sentía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Y quizás por eso Edith sonrió en silencio mientras sostenía una taza entre ambas manos.
Porque aquella calma tenía nombre.
Evans Fontaine.
El hombre estaba sentado a su lado en el sofá con la espalda relajada, algo qu