El cielo de Inglaterra estaba cubierto por una capa gris de nubes que apenas permitían que algunos rayos de sol atravesaran la mañana. El aire era frío y una ligera brisa recorría lentamente los caminos del cementerio moviendo las hojas secas que descansaban sobre el suelo. El silencio de aquel lugar era extraño, pesado y profundo, como si incluso el tiempo caminara más despacio entre aquellas lápidas y flores marchitas.
Varias figuras vestidas de negro permanecían distribuidas a cierta distanc