—¿Cómo te atreves?
La voz de Rocco salió cargada de furia.
Durante unos segundos, nadie alrededor entendió qué estaba ocurriendo. La celebración continuaba, la música sonaba en los jardines de la mansión Donnati y los invitados conversaban elegantemente, sin imaginar que, a pocos metros, una tormenta estaba a punto de desatarse.
Rocco se acercó a Serena.
Sus ojos estaban llenos de rabia.
No podía soportar verla allí.
No podía soportar verla tranquila.
Mucho menos podía aceptar que caminara por a