—¡Quiero a Elion Donnati frente a mí... ahora mismo!
La voz del patriarca resonó por todo el piso del hospital.
Nadie se atrevió a moverse durante unos segundos.
El anciano permanecía de pie en medio del pasillo, con las manos apoyadas sobre su bastón de madera negra. Aunque los años habían encorvado ligeramente su espalda, su presencia seguía imponiendo el mismo temor que décadas atrás, cuando él mismo dirigía las operaciones más sangrientas de la familia Donnati.
Su mirada era suficiente para