No confío en ella.
Rafael contempló el tenue reflejo de luz en el ventilador de techo, como si su lenta rotación pudiera desvelar un secreto. La habitación del hospital se había convertido en una isla de luz ordenada y ruido amortiguado: el ritmo de los monitores, el lejano taconeo de los zapatos de una enfermera, el murmullo ocasional del pasillo. Afuera, la ciudad mantenía su ritmo indiferente. Adentro, el mundo se había reducido a una cama, una pila de papeles legales sobre la mesilla de noche y el nuevo nombr