Los tacones de Gabriella resonaron suavemente contra el reluciente pasillo del hospital, la luz del sol de la tarde dibujando reflejos dorados en el suelo. Las enfermeras pasaban a su lado, los pacientes eran trasladados en sillas de ruedas, un suave murmullo llenaba el aire, pero Gabriella no oía nada. Todavía le zumbaban los oídos con la risa de Juan de su llamada anterior.
Primer paso dado, Maestro.
Repitió esa frase una y otra vez.
Esto era lo que había querido.
Este era el plan.
Esto era v