Elena llegó a su departamento cuando la noche ya había cubierto por completo la ciudad, pero aquella vez las luces que normalmente le transmitían tranquilidad parecían demasiado lejanas para conseguir calmar el nudo que todavía llevaba en el pecho. Cerró la puerta detrás de ella y permaneció unos segundos apoyada contra ella, respirando profundamente mientras intentaba convencerse de que todo había terminado, aunque en realidad sabía que nada había terminado porque las imágenes de aquella noche