El silencio que invadió la sala después del anuncio apenas duró unos segundos. Bastó observar el rostro de Vanesa Moore para comprender que aquella mujer había llegado al límite de su paciencia. Sus labios comenzaron a temblar, sus manos se cerraron con tanta fuerza que las uñas se clavaron sobre las palmas y la elegante sonrisa que había practicado durante tantos años desapareció por completo, dejando al descubierto una expresión deformada por el rencor. Frente a ella permanecían los miembros