La noche había avanzado mucho cuando Sebastian abandonó el edificio donde vivía Elena, pero por primera vez en mucho tiempo no sintió la necesidad de regresar, insistir o buscar alguna manera de obligarla a escucharlo nuevamente. Caminó hasta su vehículo con el rostro serio y la mandíbula ligeramente tensa, mientras dentro de su mente se repetían las últimas palabras que había pronunciado frente a ella, aquellas en las que había reconocido que no podía exigirle nada y que, si Elena necesitaba d