Arthur permaneció inmóvil después de escuchar las últimas palabras de Sebastian, pero aquella quietud no era señal de aceptación. El anciano tenía la mirada fija sobre su nieto y una expresión cada vez más dura, como si estuviera evaluando cada una de las palabras que acababa de escuchar antes de decidir cuál utilizar para devolverle el golpe. Sebastian conocía demasiado bien aquella mirada; había crecido bajo ella y sabía que, cuando Arthur guardaba silencio durante demasiado tiempo, era porqu