La residencia King estaba extrañamente silenciosa aquella noche. Elena permanecía sentada en la sala, con el teléfono entre las manos y la mirada perdida en la oscuridad del jardín exterior. Habían pasado horas desde el último mensaje anónimo, pero su pecho seguía oprimido por la misma ansiedad, no había cenado, tampoco podía dormir, cada vez que cerraba los ojos, veía la fotografía de Vanessa con Sebastian, parecían perfectos, demasiado perfectos.
—Sigues despierta — La voz fría de Margaret K